sábado, 27 de junio de 2009

Tierra de Gigantes


Es difícil caminar, pero no imposible. Es duro vivir, pero es un privilegio. Aunque el camino ha sido difícil he caminado como los grandes: he saltado montañas y cruzado ríos, he comido raíces y abrazado las copas de los árboles más altos y me llené de toda su experiencia.

Conversé con el más viejo de los viejos, que no era precisamente el más sabio de los sabios. Y él me hizo entender que no es importante conocerlo todo, es fundamental vivir todo lo que sea posible.

Le di mi mano a un ser humano que había caído muchas veces y nuevamente se levantó. En mi hombro lloró una mujer agredida y en mi mano puso todo su dolor, desde ese momento odié la cobardía del hombre que nos mata.

Un niño me regaló su imaginación y con ello me mostró el infinito, tomó de mi mano y juntos utilizamos su capacidad de asombro… ¡es maravilloso todo lo que no podemos explicar!

Alguna vez una mujer embarazada me dejó sentir como se movía ese pequeño ser que llevaba dentro y descubrí que la vida es el milagro más maravilloso. Una madre que perdió a su hijo por un conductor ebrio depositó en mi interior su sentir y comprendí que no hay mayor dolor que el de una madre, porque cuando le quitaron a su hijo la enterraron en su propio cuerpo.

Pude vivir un día al lado de un homosexual y una lesbiana… jamás en mi vida me sentí más libre, luchar día con día por SER y no por PARECER es la más gratificante lucha. Anoté en mi libro de enseñanzas que el amor no se da de cuerpo a cuerpo, sino de corazón a corazón.

Un soldado de Irak me convirtió en la carta que enviaría a su familia, no quise ser enviada… saber que pronto llegará la muerte y no saber por qué no es motivo suficiente para una despedida y mucho menos, para causar el dolor de semejante pérdida a quienes nos dieron su amor.

Fui la sangre en las manos de Bush y jamás fui vista, ni siquiera al comer.

Un hombre alcohólico me invitó una copa y al instante murió. La distancia entre la vida y la muerte está definida por la distancia entre la mano y la copa.

Alguna vez fumé y mis pulmones jamás me lo perdonaron, mucho menos lo hizo quien estaba a mi lado.

Fui un árbol del Amazonas un día y cuando mi rama más alta tocó el suelo luego de que me talaron, comprendí que el hombre ya no me necesitaba. Mas antes de morir me pregunté: ¿cómo respirará ahora?

Fui negra sangre de este planeta, pero me acabé cuando el hombre vació por completo las venas que me contenían… ¡y todo por caminar en cuatro ruedas!

Testigo silencioso de un secuestro pude ser. El secuestrado se arrepentía de sus pecados mientras el secuestrador pedía perdón anticipado por los que iba cometer. Varias muertes caben en el recuento pero el daño causado es simplemente inmedible.

En una triste cárcel un preso me pidió ser su libertad pero los barrotes desmembraban mis alas; me convertí entonces en su ilusión pero su diario vivir me mataba lentamente. Acabé por ser su paciencia, algunas veces firme y fuerte, otras tambaleante y frágil.

En ocasiones pasé a ser de la mejor de las amigas, la peor de las enemigas… la frontera entre ambas era la confianza.

El hombre más triste del mundo me pidió alejar su tristeza. Llamé al amor y me dijo que él no era la solución, porque quien amaba realmente también debía sufrir. Solicité la ayuda de la amistad y me dijo que ella curaba heridas pero no eliminaba cicatrices. Luego de una intensa búsqueda tomé la mano del hombre y la puse sobre la mano de Dios, el hombre olvidó lo que era la tristeza.

Le pregunté a un representante de cada religión cómo se conseguía la salvación y aún estoy en busca de la respuesta acertada.

Traté de entrar en la cabeza de Chávez pero el acceso estaba restringido, busqué entonces su corazón pero jamás lo encontré. Luego de escuchar de lejos sus pensamientos, lo único que le pude decir fue: ¡¿por qué no te callas?!

Viví en el seno de la justicia pero me sentí asfixiada por la confusión de si existe o no, me mudé entonces a la injusticia pero es difícil vivir en todo el mundo.

Una niña violada me permitió entrar en su alma pero el camino estaba clausurado por la cicatriz más grande y dolorosa que jamás vi.

Fui noche en una ocasión y presencié desde el amor más puro hasta la escena más escalofriante. Desde familias perfectas compartiendo una noche en familia hasta una prostituta siendo asesinada por una fantasía sexual.

Almorcé con la corrupción y terminamos discutiendo con unos políticos sobre si debíamos o no pagar la cuenta.

Me equivoqué muchas veces buscando al amor, cuando dejé de buscarlo, este por sí solo llegó.

Estudié todas las teorías científicas que existen en el conocimiento humano, no hallé respuestas definitivas y aún ruego por jamás encontrarlas.

Pude ser un dólar y asistir al parque de diversiones llamado “La Bolsa de Nueva York”, salí luego de vomitar para jamás regresar.

Fui un orgasmo masculino y mi vida fue efímera, me transformé en uno femenino y mi existencia fue totalmente relativa.

Quise ser un nuevo libro con un bello lomo y finas hojas, pero me convertí en un libro virtual, cambiante a gusto del cibernauta y accesible con tan solo un clic, mi vida era tan banal que terminé perdiéndome en la red.

Fui una especie en extinción, hoy de mí sólo quedan recuerdos.

Viví como una ejecutiva sin tiempo libre en su agenda, cuando decidí sacar un espacio para mis seres queridos no lo encontré, no se me había acabado la agenda, se me había acabado el tiempo.

Vi como una mujer embarazada abortaba al fruto de su vientre, no observé su rostro por escuchar los gritos en busca de auxilio del pequeño. Una mujer estéril la odiaba al mismo tiempo que la envidiaba desde el fondo de su ser.

Estuve en el mismo basurero en el que abandonaron a un bebé, él lloraba por frío y soledad, yo por impotencia y cólera.

Mis aguas corrían rápido cuando era delimitada por un cauce, se volvieron lentas cuando la basura imponía sus límites. Ahora soy incapaz de moverme, ni siquiera sé si aún me queda vida.

Y fui humana, una pequeña humana, no podía más que vivir como una simple mortal que contemplaba todo lo que le rodeaba. Yo solo era parte de un gran mundo en el que los humanos éramos los enanos y el diario vivir, con sus defectos y virtudes, el mundo de gigantes que debíamos sortear. Y yo caminé como los grandes, yo viví en el mundo de gigantes.

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